Recién, cuando te visité, solo te miraba mientras hablabas, miraba tu piel, viva, asi como tu voz, entrecortada, ya sin fuerzas. Luego te quedastes mirándome, sin pausas, nuestras miradas lo decían todo. El anhelo de compañía era suficiente, sin más que decir.
*
domingo, 5 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

4 comentarios:
A veces solo basta con eso...
=) HUMO
la compañia es un bálsamo exquisito y un lujo hoy en día.
Miradas.
Más elocuentes que las palabras.
Saludos.
A veces el calor, la cercanía de alguien querido no necesita de palabras, ya han sido dichas, y se disfruta la sola presencia.
Besos.
Publicar un comentario